Ir al contenido principal

Hay muchas formas de recorrer Aragón. En esta ocasión os proponemos: seguir el curso del agua.

Con la llegada de los días largos y el comienzo del verano, cascadas, ríos, manantiales, hoces y barrancos se convierten en protagonistas de algunos de los paisajes naturales más sorprendentes de nuestra comunidad.

Desde las sierras de Teruel hasta los grandes valles pirenaicos de Huesca, pasando por los inesperados oasis que esconde la provincia de Zaragoza, el agua nos invita a caminar, detenernos y descubrir un Aragón diferente. Comenzamos un recorrido por 15 lugares donde el agua transforma el paisaje de Aragón.

TERUEL | El agua entre sierras, barrancos y nacimientos

Teruel sorprende especialmente cuando buscamos agua. Entre montañas, hoces y grandes formaciones rocosas aparecen cascadas y ríos que han ido modelando algunos de los paisajes más espectaculares de la comunidad.

1. Amanaderos de Riodeva

En Riodeva, a los pies de la Sierra de Javalambre, encontramos uno de los recorridos de agua más conocidos de la provincia. El Sendero de los Amanaderos se adentra en un paisaje de roca, vegetación y numerosos saltos de agua. Entre ellos destaca el Salto de la Yegua, una espectacular cascada de unos 22 metros.

El recorrido circular señalizado desde Riodeva tiene aproximadamente 11,8 kilómetros y atraviesa un entorno en el que el agua va acompañando buena parte del camino. Una de esas rutas que demuestran que Teruel todavía guarda muchos paisajes capaces de sorprendernos.

2. Cascada de Calicanto y Estrechos del río Ebrón

Entre El Cuervo y Tormón, el río Ebrón ha modelado uno de los paisajes fluviales más singulares de la provincia de Teruel. El agua se abre paso entre relieves calizos, creando estrechos, cortados y rincones de gran belleza natural que acompañan buena parte del recorrido.

El Sendero de los Estrechos del río Ebrón une ambas localidades a lo largo de 10,28 kilómetros. El itinerario sigue en buena parte el curso del río y combina tramos de senda fluvial con pasarelas, cruces sobre el cauce y zonas elevadas desde las que contemplar el barranco y la fuerte incisión que el agua ha provocado sobre la roca.

A lo largo del camino aparecen algunos de sus lugares más representativos, el espectacular Puente Natural de la Fonseca, una formación natural que muestra la intensa acción erosiva del agua sobre el paisaje, además la Cascada de Calicanto, otro de los grandes atractivos naturales de la ruta.

3. Nacimiento del río Pitarque

El Monumento Natural del Nacimiento del Río Pitarque acoge uno de los paisajes fluviales más fascinantes de la provincia de Teruel. El río discurre encajado entre abruptas paredes calizas, acompañado por una rica vegetación de ribera que transforma el recorrido hasta alcanzar su nacimiento.

Desde la localidad de Pitarque, el sendero SL-TE 30 conduce hasta el corazón de este espacio natural, donde el agua se convierte en la gran protagonista. El terreno calizo actúa como un enorme depósito subterráneo y permite que el agua aflore a través de diferentes surgencias kársticas.

A ella se suma La Chimenea, una surgencia que, después de episodios de lluvias abundantes, puede convertirse en una espectacular cascada. Pozas de aguas cristalinas, pequeños saltos, cortados rocosos y vegetación acompañan un recorrido en el que resulta fácil comprender cómo el agua ha ido modelando este extraordinario paisaje. Una ruta imprescindible para descubrir uno de los grandes paisajes naturales de la provincia de Teruel.

4. Salto del Molino de San Pedro y Ojos del Cabriel

En los Montes Universales, muy cerca de El Vallecillo, el agua vuelve a regalarnos uno de los paisajes naturales más singulares de la provincia de Teruel.

El Salto del Molino de San Pedro sorprende por una cascada de unos 12 metros de altura, donde las aguas del río Cabriel se precipitan sobre formaciones calcáreas hasta alcanzar una amplia poza rodeada de vegetación. Junto al salto todavía pueden reconocerse los restos del antiguo molino que da nombre al paraje.

Muy cerca se encuentran los Ojos del Cabriel, un conjunto de surgencias donde las aguas subterráneas afloran entre la roca y dan origen al río Cabriel, creando un entorno de gran riqueza natural.

Cascadas, manantiales, bosques y aguas cristalinas convierten este rincón de la Sierra de Albarracín en una magnífica propuesta para descubrir la naturaleza de Teruel siguiendo el curso del agua.

5. Hoz Mala y Sendero Fluvial del Guadalope

En Aliaga, el río Guadalope se abre paso entre espectaculares formaciones rocosas creando uno de los recorridos fluviales más sorprendentes de la provincia de Teruel: la Hoz Mala.

Este paraje forma parte del Sendero Fluvial del Guadalope (PR-TE 10), un itinerario que sigue el curso del río y permite adentrarse en un paisaje donde el agua y la geología son las grandes protagonistas. A medida que el cauce se encajona entre las paredes rocosas, el sendero combina tramos junto a la ribera con puentes, escaleras y pasarelas que permiten atravesar el interior de la hoz.

La ruta forma parte de un entorno de excepcional riqueza geológica. Aliaga alberga un Parque Geológico de reconocido prestigio internacional, donde las formaciones y estructuras del terreno permiten recorrer alrededor de 200 millones de años de historia de nuestro planeta.

ZARAGOZA | Los oasis inesperados

La provincia de Zaragoza demuestra que no hace falta viajar lejos para encontrar grandes paisajes relacionados con el agua. Ríos que excavan profundos desfiladeros, cascadas escondidas y auténticos oasis aparecen entre parameras y paisajes aparentemente secos.

6. Monasterio de Piedra

En Nuévalos, el río Piedra ha dado forma a uno de los paisajes de agua más extraordinarios y conocidos de Aragón. Cascadas, arroyos, lagos y grutas se suceden entre una exuberante vegetación, creando un sorprendente oasis natural en contraste con el paisaje más árido de su entorno.

El recorrido por el Parque-Jardín Histórico del Monasterio de Piedra, permite seguir el curso del agua a través de senderos, puentes y escaleras para descubrir algunos de sus rincones más emblemáticos.

La gran protagonista es la Cola de Caballo, una espectacular cascada de más de 50 metros de altura. El itinerario permite incluso descender hasta su interior a través de la Gruta Iris, ofreciendo una de las imágenes más impresionantes de todo el conjunto. Pero el agua comparte aquí protagonismo con la historia. Junto al parque se conserva el Monasterio de Piedra, fundado por monjes cistercienses a finales del siglo XII y construido durante la transición del Románico al Gótico. Su claustro y antiguas dependencias monásticas permiten completar una visita en la que patrimonio cultural y naturaleza forman parte de una misma experiencia.

7. Cascadas de Muel y río Huerva

A pocos kilómetros de Zaragoza, Muel guarda un sorprendente paisaje donde agua, naturaleza y patrimonio se encuentran a orillas del río Huerva. El Parque Municipal de Muel, situado al pie de un acantilado natural, aprovecha el encajonamiento del río entre las calizas para crear un entorno fresco y lleno de vegetación, en el que destacan las conocidas cascadas del Huerva. El estanque, los saltos de agua y la vegetación de ribera convierten este espacio en un pequeño oasis natural integrado en la propia localidad.

Pero el agua forma parte también de la historia de Muel. Sobre el antiguo dique de una presa romana, construida a comienzos del siglo I, se levanta la Ermita de Nuestra Señora de la Fuente, declarada Bien de Interés Cultural. En su interior se conservan cuatro pinturas realizadas por Francisco de Goya en las pechinas de la cúpula.

Una propuesta diferente para nuestro recorrido por el agua de Aragón, donde el río ha condicionado el paisaje y la historia del municipio durante siglos, creando uno de los rincones naturales y patrimoniales más singulares de la provincia de Zaragoza.

8. Tiermas: aguas termales y memoria bajo el embalse de Yesa

A orillas del embalse de Yesa, Tiermas nos descubre una de las relaciones entre agua, paisaje e historia más singulares de la provincia de Zaragoza. La presencia de fuentes termales marcó durante siglos la identidad de este lugar. Sus aguas eran conocidas ya en época romana y dieron origen posteriormente a un histórico balneario, convirtiendo a Tiermas en un destino ligado al termalismo mucho antes de que el embalse transformara definitivamente este paisaje.

La construcción de la presa de Yesa provocó el abandono de la localidad en la década de 1960 y dejó bajo las aguas parte del antiguo núcleo y de sus instalaciones termales. Sin embargo, cuando el nivel del embalse desciende lo suficiente, vuelven a quedar al descubierto restos del antiguo balneario y las surgencias de agua caliente, recuperando temporalmente una parte de aquel paisaje desaparecido.

El agua vuelve así a contar la historia de Tiermas desde dos perspectivas completamente diferentes: primero como recurso termal aprovechado durante siglos.

9. Pozo de los Chorros de Belchite

En medio del característico paisaje estepario del Campo de Belchite, el río Aguasvivas esconde uno de esos lugares capaces de romper por completo con la imagen que tenemos del territorio: el Pozo de los Chorros.

Situado entre Belchite y Almonacid de la Cuba, el río se abre paso entre los materiales calizos formando pequeños cañones, pozas y saltos de agua. El contraste es uno de sus mayores atractivos. Frente a los amplios horizontes y relieves suaves que dominan buena parte del entorno, el Aguasvivas ha excavado aquí un pequeño desfiladero entre paredes prácticamente verticales, creando un auténtico oasis de agua y vegetación.

El paraje posee además un notable interés geológico. El río atraviesa materiales carbonatados de origen marino del Jurásico y que su acción erosiva ha ido generando cortos cañones entre las formaciones rocosas. A su alrededor, el paisaje vuelve a transformarse en estepa, con romero, tomillo y lentisco, mientras junto al cauce aparecen chopos y álamos blancos.

También es un buen lugar para observar la riqueza faunística de Aragón. En su entorno pueden encontrarse cabras montesas y numerosas aves, entre ellas buitres leonados, milanos, halcones peregrinos, alimoches o abejarucos durante los meses estivales.

10. Pozo de Pígalo y río Arba de Luesia

En el término municipal de Luesia, el río Arba de Luesia crea uno de los espacios naturales más conocidos de esta zona de la provincia de Zaragoza: el Pozo de Pígalo. Durante los meses de verano, debido a la elevada afluencia y con el objetivo de preservar el espacio natural, el acceso de vehículos está regulado y requiere reserva previa, por lo que es recomendable consultar las condiciones actualizadas antes de desplazarse.

El agua se abre paso entre formaciones rocosas hasta formar una gran poza natural de aguas limpias y transparentes, rodeada por un frondoso paisaje de bosque y vegetación de ribera. Pígalo es también un excelente punto de partida para descubrir el entorno. El acceso se realiza desde Luesia atravesando un paisaje en el que no es extraño observar algunas de las especies de fauna que habitan estos montes.

Agua, bosque y montaña se encuentran en Pígalo para mostrarnos otra cara de la provincia de Zaragoza y recordarnos que seguir el curso de los ríos aragoneses también significa descubrir algunos de nuestros paisajes rurales más extraordinarios..

HUESCA | El agua que desciende del Pirineo

Llegamos a Huesca y el agua adquiere una nueva dimensión. Ríos de montaña, cascadas, ibones y grandes valles convierten el Pirineo aragonés en un extraordinario territorio para los amantes de la naturaleza.

11. Salto de Pozán de Vero

El conocido Salto de Pozán de Vero tiene su origen en un antiguo azud, un muro de piedra construido sobre el cauce para elevar el nivel del río y derivar parte de sus aguas hacia la acequia de San Marcos. Este sistema permitía aprovechar el agua para regar las huertas de Castillazuelo y Barbastro y alimentar varios molinos situados aguas abajo.

El desnivel creado por esta construcción da lugar a una amplia cascada y, a sus pies, el movimiento continuado del agua ha formado una gran poza o badina, rodeada por vegetación de ribera.

Pero el interés del lugar va más allá de la propia cascada. El entorno del río Vero permite acercarnos a un paisaje profundamente vinculado a los usos tradicionales del agua, donde acequias, azudes y antiguos molinos recuerdan la importancia que los cursos fluviales han tenido durante siglos para la agricultura y la vida de las poblaciones del Somontano.

12. Gorgas de Puértolas

En el entorno de Puértolas encontramos las conocidas como Gorgas de Puértolas, una sucesión de zonas naturales junto al cauce que permiten acercarnos a uno de los principales ríos del Alto Aragón. A lo largo de este tramo, el Cinca discurre entre roca y vegetación formando pozas y remansos que contrastan con las zonas donde el agua avanza con mayor fuerza. El paisaje está marcado por el carácter montañoso del valle y por la vegetación que acompaña las riberas del río.

Durante siglos, además, estuvo estrechamente vinculado a la economía de los pueblos pirenaicos y al transporte de madera mediante las tradicionales nabatas, una actividad que todavía se recuerda cada año con el Descenso de Nabatas.

Las Gorgas de Puértolas nos ofrecen así otra forma de descubrir el Pirineo oscense: siguiendo el curso de un río que forma parte del paisaje, la historia y la identidad del Sobrarbe.

13. Pozas de Belsué y río Flumen

En el entorno de Belsué, al norte de la ciudad de Huesca, el río Flumen atraviesa un paisaje de montaña en el que el agua vuelve a convertirse en protagonista. A lo largo de su recorrido, el río se abre paso entre formaciones rocosas y vegetación, creando pozas, pequeños estrechos y remansos de agua que permiten descubrir una de las zonas fluviales más interesantes de este sector de la Sierra de Guara.

El paisaje está marcado también por los embalses de Santa María de Belsué y Cienfuens, construidos sobre el propio Flumen. Entre ambos, el río continúa encajado entre relieves calizos, conformando un entorno de gran interés paisajístico en el que se suceden paredes rocosas, vegetación mediterránea y ambientes de ribera.

Seguir el curso del Flumen por Belsué nos permite descubrir una imagen diferente de la provincia de Huesca, alejada de los grandes valles del Pirineo pero igualmente ligada al agua: un territorio de pozas, barrancos, embalses y pequeños cañones modelados por el río.

14. Salto de Bierge

En Bierge, a las puertas del Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara, el río Alcanadre forma uno de los enclaves de agua más conocidos de la provincia de Huesca: el Salto de Bierge. Durante el verano, el acceso está regulado, por lo que es recomendable consultar previamente las condiciones de visita.

El paisaje actual está ligado a un antiguo azud de origen árabe, aprovechado a lo largo del tiempo para el funcionamiento de un molino harinero y, posteriormente, para la producción hidroeléctrica. Antes de precipitarse por el azud, las aguas del Alcanadre forman una amplia badina rodeada por el característico paisaje de Guara.

Naturaleza e historia se encuentran así en un rincón que refleja la estrecha relación de estas tierras con el agua y sus aprovechamientos tradicionales.

15. Gargantas de Escuaín

En el sector oriental del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, el río Yaga ha excavado las espectaculares Gargantas de Escuaín, uno de los grandes paisajes fluviales del Pirineo aragonés.

El agua se abre paso profundamente entre las rocas calizas creando un estrecho desfiladero de paredes verticales, barrancos y surgencias. El carácter calizo del macizo favorece además la infiltración del agua y la existencia de una importante red de circulación subterránea, que vuelve a aparecer en diferentes puntos del valle.

Desde el núcleo de Escuaín pueden realizarse diferentes recorridos y acercarse a miradores naturales desde los que contemplar la profundidad de la garganta y el curso del río Yaga. Entre los elementos más singulares del sector se encuentra la surgencia del Yaga, donde parte del agua que circula por el interior del macizo vuelve a salir al exterior.

El valle de Escuaín es también uno de los sectores más tranquilos y menos transformados del Parque Nacional. Sus grandes paredes calizas constituyen un importante hábitat para las aves rupícolas y el entorno mantiene una estrecha vinculación con la conservación del quebrantahuesos, una de las especies más emblemáticas del Pirineo.

Descubre el Aragón más natural

Quince lugares. Tres provincias. Y una misma protagonista: el agua. Descubre además pequeños pueblos desde los que comenzar el camino, alojamientos rurales donde alargar la escapada, patrimonio que merece una visita guiada, actividades de turismo activo, gastronomía local y personas que mantienen vivo nuestro territorio.

Porque descubrir el Aragón rural también significa hacerlo sin prisas: caminar, observar, conocer sus pueblos y dejar que cada paisaje nos cuente su historia.

Antes de preparar tu escapada

El aspecto y el caudal de cascadas, ríos y manantiales varían según las precipitaciones, el deshielo y la época del año. Además, las condiciones de los senderos y los accesos pueden cambiar. Antes de iniciar cualquier recorrido, consulta siempre la información oficial actualizada, la previsión meteorológica, el estado del sendero y las posibles restricciones de acceso.

Utiliza calzado y equipamiento adecuados, respeta la señalización y no abandones los caminos habilitados.

Y, sobre todo, recuerda que estamos recorriendo espacios naturales de enorme valor.

Disfrutarlos también significa protegerlos.

Reset password

Ingrese su dirección de correo electrónico y le enviaremos un enlace para cambiar su contraseña.

Comience con su cuenta

para guardar tus casas favoritas y más

Ingresa con e-mail

Comience con su cuenta

para guardar tus casas favoritas y más

Al hacer clic en el botón «INSCRIBIRSE», acepta los Condiciones de uso y Política de privacidad